Verás cuando tenga quince

«Si dejas que se ponga así con tres años, verás cuando tenga quince.»

Tengo que reconocer que mucho antes de ser madre había oído tanto esa frase que creía que era verdad, que estaba convencida que el comportamiento de un niño o niña de dos tres o cuatro años era realmente un precursor de cómo iba a ser e la adolescencia. Soy la primera que creía que cuando un/a peque gritaba, chillaba, mordía o tenía comportamientos «indebidos» era porque no estaba bien criado/a. Ahora lo pienso y menuda ingenua estaba hecha.

Os pongo en contexto; soy la segunda mayor de más de 20 primos y primas por parte paterna, así que como quien dice, los y las he visto crecer a todas. De hecho las más pequeñas son poco mayores que mi hija. Y como en casi toda familia que se precie, especialmente siendo una familia grande las opiniones sobre crianzas ajenas estaban a la orden del día. Estaban, en pasado, porque de todo se aprende y todo se puede desaprender. Y callarse la boca cuando toca es un aprendizaje valiosísimo. El caso es que he crecido con esa creencia. Cuando empecé mi formación como maestra me di cuenta de que algo no cuadraba pero no fue hasta que me quedé embarazada por primera vez y me puse a buscar información y formación sobre crianza respetuosa cuando me di cuenta de la barbaridad de esa afirmación.

Sería un poco como si dijéramos a las madres y padres cosas así:

  • «¿Le estás cambiando el pañal con un año? Uy, verás cuando tenga 10 y se lo tengas que seguir cambiando.»
  • «¿Le das leche a demanda? Cuando tenga 20 años va a seguir queriendo leche y no va a ser nunca independiente»
  • «Si lo coges de bebé cuando lo necesita ya verás cuando tenga 18, no vas a poder con su peso.»
  • «Le quitas los mocos tu con 6 meses? Uf, y cuando sea adulto qué? Así no va a aprender nunca.»

Visto así suena super absurdo, ¿verdad? Con el caso de los desbordes emocionales pasa exactamente lo mismo. Estamos tomando como medida de toda una vida una fase del desarrollo completamente natural, que tiene inicio y fin. Igual que la maduración de esfínteres llega e igual que llegará el día en el que ya no nos pidan más brazos (snif), llegará el día en que sus cerebros maduren y esa etapa finalice.

Los desbordes emocionales son una etapa, no un precursor ni una anticipación al comportamiento adolescente. Tampoco definen nuestra calidad como madres, ni indican que nuestra forma de criar no sea adecuada. No son indicativo de nada, son parte de su sano crecimiento.

Ay, querida Cris del pasado, si mirases con los ojos de ahora!

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