Sueño y estrés

El estrés, como cualquier otra reacción fisiológica de regulación es necesaria y sana cuando se da en la medida y el contexto adecuado. Pero un exceso de cortisol, la hormona del estrés, de forma prolongada puede modificar y dañar ciertas estructuras cerebrales y sus sistemas de respuesta repercutiendo incluso en la vida adulta.

En referencia al sueño del bebé y de las criaturas durante los primeros años de vida; hay dos situaciones principales que pueden desencadenar esta liberación de cortisol en el cerebro. Estas dos situaciones tienen orígenes distintos:

  1. Sobreactivación

Las que somos madres y padres sabemos que cuando un bebé o toddler lleva mucho cansancio o sueño encima tiene a sobre activarse; lo que se conoce en términos mundanos como estar “pasado de vueltas” o “pasado de rosca”. A veces es fácil confundir este nivel de excitación porque si corre, grita, juega o levanta la cabeza para explorar (en el caso de bebés) podemos pensar que no tiene tanto sueño.

¿Qué está sucediendo y qué tiene que ver todo esto con el estrés?

Cuando un bebé o toddler está muy cansado y no consigue dormir o no se le está ayudando su cerebro reacciona igual que ante una situación de estrés, liberando hormonas como cortisol y adrenalina, que provocan activación y dificultan aún más que pueda relajarse y dormirse. Si tu pequeño o pequeña ha llegado alguna vez a este punto sabrás de qué hablo. Lo habitual es que el cortisol que segrega el cerebro ante la imposibilidad de dormir active todas las señales de alarma y mantenga a la criatura en un estado de excitación del que será muy difícil salir. Cuanto más cansancio más estrés y cuanto más estrés mayor dificultad para conciliar el sueño.

¿Qué podemos hacer?

Para anticiparnos a esta saturación sensorial precursora del estrés es importante prestar atención a todas las señales previas de cansancio y así evitar, siempre que sea posible, que la criatura alcance un estado de sobreactivación. 

También es importante tener en cuenta que los biorritmos de bebés y toddlers no son como los adultos y necesitan ir a dormir bastante más temprano; adaptar las rutinas familiares a sus necesidades de sueño ayudará a disminuir las situaciones de estrés.

Merece la pena mencionar también que el bebé debe y merece ser atendido y acompañado cuando su cerebro está cargado de cortisol; nuestros brazos y abrazos le ayudarán a relajarse y salir del círculo vicioso del estrés del que hablábamos antes.

  1. Llanto desatendido

En este caso estaríamos hablando de bebés cuyas necesidades afectivas,  de seguridad y de confort no están siendo atendidas bajo la premisa de que debe aprender a dormir de manera autónoma, que no le pasa nada o que llorar es bueno para desarrollar los pulmones.

Los bebés no tienen la capacidad de regular sus emociones ni calmarse de forma autónoma, con lo cual dejar que llore para que aprenda a calmarse ni tiene sentido alguno ni funciona como tal. Para aprender la autorregulación primero es necesaria una corregulación; es decir, una figura de apego que acompañe y guíe a la criatura a un estado de calma.

¿Qué es lo que ocurre entonces?

Primero cabe aclarar que no es el llanto como tal lo que genera estrés y hace que el cerebro genere unas cantidades altísimas de cortisol, sino los sentimientos de desesperación y desamparo; ese llanto que es una llamada de socorro que no está siendo atendido.

El bebé en algún momento dejará de llorar aunque esto no significa que haya llegado a un estado de tranquilidad o que haya aprendido a dormir y consolarse a solas; el llanto se acaba apagando por dos motivos: porque el bebé no puede más y se duerme de puro agotamiento o porque el bebé aprende a no gastar fuerzas llorando, ya que haga lo que haga nadie acudirá en su ayuda. Esto último es lo que se llama la indefensión aprendida.

Cuando esta situación de dejar llorar al bebé se prolonga en el tiempo el cerebro de la criatura corre el riesgo de:

  • Tener y mantener de forma constante elevados niveles de cortisol y otras hormonas dañinas en exceso como la adrenalina.
  • Que el cerebro active los  circuitos de dolor ante este tipo de sufrimiento y desatención igual que si sintiera dolor físico.
  • El cerebro queda programado para reaccionar ante cualquier estímulo mínimamente estresante de forma desmesurada, tomándolo como una amenaza;  con lo cual presentan mayores problemas en la resolución de situaciones simples.

¿Qué podemos hacer?

Responder al llanto cuando el bebé o toddler pide ayuda es lo principal que cabría hacer en este caso, rompiendo con los mitos de que un bebé que no tiene hambre, sed o frío no necesita nada más o de que tienen la capacidad de manipularnos con el llanto.

Atender las lágrimas de una criatura y no dejarla a solas cuando precisan de nuestra presencia y nuestro calor, especialmente a la hora de dormir y a oscuras, ayuda a su cerebro a equilibrarse y sosegarse.

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