Algo tendrá que comer

Cada vez más familias somos conscientes de la importancia de no obligar a comer. Las relaciones que nuestros hijos e hijas construyen con la comida tienen mucho que ver con nuestro estilo de crianza. De hecho, la mayor parte de mi generación hemos sido obligados a comer para responder a unos estándares o a unas necesidades adultas que nada tenían que ver con las nuestras. 

Quizás esa es precisamente una de las razones por las consideramos que forzar a comer a una criatura sin hambre o sin ganas es violento. Pero, ¿qué pasa cuando no quiero obligar pero si no obligo mi peque no come nada? ¿Por insistir un poco no pasa nada, no?

Se que es complicado muchas veces aceptar que nuestro hijo o hija no quiere comer, que no tiene hambre o que come menos cantidad o variedad de lo que esperamos. Y aquí está la base de la preocupación adulta, que no se comporta como esperamos; que no responde a nuestras expectativas. 

Se que cuesta romper con las creencias educativas y culturales de que los niños y niñas deben comerse lo que tienen en el plato y tienen que comer de todo. Se que cuesta entender, también por la educación que hemos recibido, que cuando tu hije no come no tiene nada que ver contigo ni te está retando, ni es nada personal. Se que es complicado soltar y confiar completamente en tu peque, en especial cuando, como digo, no come lo que esperabas.

Entiendo que por eso muchas veces persigas a tu peque con el tenedor, que le repitas quince veces que coma o que insistas para que se acabe el plato que tanto les gusta o la fruta que te ha pedido explícitamente hace un rato. Entiendo que tengas la necesidad de sentirte tranquila pensando que al menos ha comido algo.

Por eso pienso que es importante que sepas esto: insistir, perseguir con el tenedor, ponerle repetidamente el plato delante o meterle comida en la boca cuando está despistada no es sano. No aporta beneficios a tu peque y no le ayuda ni le enseña a comer más ni mejor. Te voy a dar tres motivos por los que no es saludable insistir ni repetir constantmente a tu hije que coma:

  1. Riesgo de sobrealimentación. Se estima que cuando una persona está sometida a estímulos distractores come hasta un 30% más de lo que necesita. Vivimos en un país donde el 40% de los niños y niñas presentan sobrepeso u obesidad, son unas cifras alarmantes.
  1. Dejan de escuchar las señales de hambre y saciedad de su cuerpo. Al comer en base a las necesidades y expectativas adultas y no a las suyas propias, el peque deja de hacer caso a las señales que le mansa su cuerpo, porque no se lo permitimos.
  1. Se acostumbra a que la comida vaya a el/ella y no al revés. Se crea una dinámica errónea en la que el niño o niña deja de prestar atención y preocuparse por la ingesta de alimentos, ya que haga lo que haga la comida le va a llegar a la boca. No se fomentan unos hábitos saludables a la hora de comer.

Recuerda que en un país desarrollado, una niña o niño que tiene alimentos a su alcance no se muere de hambre. Nuestra tares és la de poner a su abasto alimentos sanos, saludables y equilibrados; y confiar. Confía en tu peque. 

Si estás teniendo dudas o ves que quieres cambiar las dinámicas a la hora de comer en casa pero no encuentras la manera, recuerda que puedo acompañarte en lo que necesitas. Tanto con mi curso especializado en alimentación a partir del año al que puedes inscribirte ya, como a través de sesiones individuales centradas en acompañarte de forma personalizada. 

Y sobre todo, si este es tu caso, te abrazo fuerte. ❤️

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